Sala de espera
Sé que estás esperando a que te llame.
Para decirte que todo ha ido bien, que en unos días podremos volver a casa. Que ha pasado lo peor, más de la mitad, que estamos ya del otro lado. Del lado bueno.
Pero yo estoy derrumbada.
El color blanco de los hospitales, que siempre me parece verde, el olor, los zuecos de las enfermeras arrastrándose por el suelo, el enfermo de la silla de ruedas mal engrasada.
Todo ha salido bien. Sí.
El martes o el miércoles estaremos en casa. Con reposo, y dieta blanda, con olor al limpiasuelos de siempre, y el grifo de la cocina colocado del revés.
Pero no tengo fuerzas para llamarte.
Así que me he colocado estratégicamente en la zona de rayos X, con el móvil apagado, con el blanco que se vuelve verde, con la gente de brazos rotos, pies hinchados y cara de no querer seguir esperando.
No quiero decirte que todo va bien, y que vaya el viento y cambie.
Sí, está estable.
El martes o el miércoles nos veremos en casa, con las sábanas azules, y la radio bajita por las mañanas.