escupitajos
lo malo del veneno de las tarántulas
es que está tan rico,
que no te apetece escupirlo.
Y para cuando lo consigues.
Ya no puedes distinguir entre sueño y realidad.
Y la letargia y la vigilia se confunden, y te conviertes en ese sonámbulo
que la maquinaria estatal pronostica que eres.
Y las noches ya no sirven de refugio a la niñez.