lugar de encuentro
La luz cae, perpendicular
Perpendicular que le llevaría a su último destino. Después de todo el día caminando por las calles, estaba agotado, le arrastraban los pies. Al pasar por los restaurantes de comida para llevar, soñaba con llegar a casa y ponerse sus zapatillas.
Cordones con nudos, pecho con nudos; cuerpo anudado
Anudado y le oprimía el cuello. Tomó el autobús en la plaza, y tuvo suerte, porque esa tarde no había demasiada gente. Llegó a casa un cuarto de hora antes de lo previsto, y pudo ver a su primo en la televisión, vendiendo joyas por catálogo. No se atrevió a juzgarlo, al fin y al cabo, seguro que gastaba menos dinero que él en zapatos, y podía viajar. Volvió la vista para observar todas las postales en la pared. Todos los lugares a donde no había ido, señalados cuidadosamente en el mapamundi
Y sólo allí cabe la distancia: babel
Babel le parecía sin duda el lugar más maravilloso de entre todos los imaginables. Con su forma de espiral, y las gentes con sus lenguas, entendiéndose siempre. No como ahora, no. El periódico de hacía tres días seguía encima de la mesa, con sus noticias cargadas de morbo y fatalidad, sin apenas ofrecer alternativas, como si no quedaran soñadores ahora que habían pasado 30 años del flower power, y a pesar de todo, volvió a pensar en el gesto amable de la tendera de la esquina.
Donde siempre el encuentro es posible
Posible que si se daba prisa, llegara a tiempo. Tenía ganas de salir, de notar los efectos de la lluvia en la ciudad. Agarró la chaqueta sin pensárselo dos veces, y puso dirección al bar de siempre, o mejor dicho, de antes. Las caras habían cambiado, pero todo seguía igual, las mimas sillas de segunda mano, la misma luz amable y agradecida, la misma música al volumen perfecto para la buena conversación
Para decir, para ver, para callar
Callar. Así que se marchó, sin tan siquiera tener que mirar el reloj. Y regresó por las mismas calles mojadas, con el paso un poco más cansado, pero mucho más alegre, y la ciudad le regaló unas cuantas estrellas y una luna llena. Y es que , por más que pasaran los años, por más que su trabajo le pareciera aburrido, él, tenía alma de soñador, y eso era algo que la gente no parecía entender.
*post surgido del aburrimiento otoñal del Norte y la astenia primaveral del Sur. Del encuentro entre palabras, de la reinvención de las reglas. de los juegos. ¡Qué exquisito este cadáver!
Gracias, Dan