acronismos
hoy he creído que era ayer.
Vermos qué pasa mañana.
hoy he creído que era ayer.
Vermos qué pasa mañana.
Balbuceado por
Paz
a las
12:52 AM
Dicen que somos cuatro locos. Pero me da igual. Siempre me ha gustado esta ciudad.
Y si tengo que escoger, escojo el paseo hasta el Retiro un domingo por la tarde. Sí, por las calles más de moda de la ciudad, con una tienda altermundista especializada en caramelos, por ejemplo. Escojo llegar por la puerta de la Independencia, el estanque. Ese Mickey Mouse tan grande que siempre me dio tanto miedo. Como tanto miedo me dan los mimos disfrazados de indios llenos de arcos y de flechas, de soldados camuflados entre hojas parece que nevadas, con las pistolas cargadas, espero que de agua. Incluso los mimos inofensivos me han dado miedo. Escojo los puestos de pulseras y pendientes de un hippy alemán afincado en Madrid que al irme me sonríe y quizás sepa que nos veremos a la misma hora la semana que viene. El color de las hojas verdes de castaño con sus ribetes en diferentes marrones ahora que ya llega el otoño, y las hojas que llenan de parches un césped que estos últimos días ha estado mejor regado que de costumbre. El sonido de los djembés en el estanque. La chica que persigue al joven atleta en una bici holandesa y el niño que por poco no me atropella subido a unos patines que a penas si es capaz de conducir. La niña que se avalanza sobre su padre arrollada por el niño que llegó rodando unos metros más allá tras esquivarme. Todos los acentos, los no te alejes demasiado, los mi nuevo piso está en y me cuesta tanto más barato. Porque últimamente nadie se muda a un piso más caro. Las niñas que son del barrio, y a las que visten tan elegantes para ir a parar a la tierra del parque, y las madres que vienen con tacones. El incendio que se adivina en el cielo de Madrid al volver, cuando una vez leída ya la prensa del domingo, hace frío. Y ya sólo quedan los latinos bailando bachatas y los chinos practicando tai-chi. El Palacio de Cristal y las fachadas ornamentadas con azulejos de motivos vegetales. La vieja que lee el periódico con más ganas que el tarot, y me regala dos cartas a cambio de la crónica. La crónica de qué. De sucesos. Siempre de sucesos.
Eres quizás mi último refugio. Un último abrazo. Última certeza de ser yo. Tal vez el único.
Y sin embargo no lo sabes.
Porque el pasado está mejor donde estuvo.
(escrito el 5 de julio con un boli robado en l'Alliance Française de Bruselas)
Las casas son estrechas y altas y los jardines pequeños e inundados. Una selva prehistórica invade las primaveras y las largas largas largas ramas de los árboles parecen rendirse en Breda todos los inviernos. El caos invade las rutinas, diferentes según el día de la semana, y un otoño largo y sigiloso acaba por calarte hasta los huesos cuando cumple el quinto mes.
Nadie entiende nada, pero todos hacen como si, y saben que, en realidad, ese país tan pequeño no existe, y hace aguas. Pero los belgas disfrutan con el agua al cuello, y les gusta presumir de aquella vez en que su cerveza fue la mejor del mundo.
En la foto, un nudo de cables en el tranvía de la costa. En Knokke.
Querida sombra:
No recuerdo haberla cosido con jabón a la suela de ninguno de mis zapatos. Y sin embargo, si yo miro, usted aparece. Ni desafiante ni amigable, aparece como si nada, y no sonríe ni hace un gesto. La verdad es que en todos estos años, tan llenos de segundos y momentos angustiados o eufóricos, o enfadados e irascibles, me he ido acostumbrando poco a poco a sus respuestas de silencio, hasta el punto de no esperar nunca una respuesta. Por eso el otro día me sobresalté de esa manera cuando estornudó usted tan estruendosamente. No crea que no he notado su ausencia, su arrogancia en las últimas horas del viernes cuando aquel chico se acercó hasta mí pisoteándote - ¿me permite tutearla?, después de todo son ya tantos años tan llenos de segundos y momentos que...-. No creo que el chico lo hiciera con mala intención, según parece me confundió con otra más guapa y más lista, o quizás un poco más borracha. ¿Lo ves? una vez más no sé cómo acabar. No sé si enfadarme con usted, que de pronto le puso la zancadilla a Juan, y él me tiró su copa de vino encima del vestido blanco, yo me enfadé porque estaba sensible e irascible y entonces, dejó de reconocer en mí a la más guapa o más simpática, o quizás un poco más borracha, y se fue sin darme un teléfono, una dirección, o tan siquiera las gracias por tan interesante análisis de los distintos tipos de pajita y con qué bebidas combinarlos. Me temo que a partir de mañana no necesitaré más de sus servicios. A no ser que de pronto seas capaz de contestarme, de cantar conmigo por la calle, o darme un empujón para acercarme a alguien, o para preguntar la hora a la señora que cruza por delante del estanco siempre que llego irremediablemente tarde.
Atentamente,
Paz
Patria de lejos, mapa,
mapa de nunca.
Porque el ayer es nunca
y el mañana mañana:
Guardo un olor de trébol,
una calle con árboles,
un recuerdo de manos,
una luz sobre el río.
Patria, cartas que llegan
y otras que vuelven,
pájaros de papel
sobre el mapa volando.
Porque el ayer es nunca
y el mañana mañana.
Y dejar un pais detras de la puerta.