Sunday, October 21, 2007

el 10.6 desde el 11.7

Dicen que mi vecino de abajo es alguien importante.
Todos los días le llega correo, y le traen todos los periódicos a casa. Le llega tanto correo, que nunca cabe en el buzón.
A veces, no se puede llamar al timbre de mi vecino de abajo, y hay que estar muy en silencio al entrar en casa. Dicen que es que está
hablando por la radio.

Me han dicho que hay gente que lo odia. Lo cierto es que varios conocidos lo quieren conocer.

Tiene una columna en el periódico, que dicen que llena de palabras
ácidas que dan en el clavo, que despiertan conciencias, y dicen lo que nadie más se atreve.

Por lo visto, mi vecino de abajo es de izquierdas, ateo y republicano.
Algunos lo llaman rojo.

A mí, mi vecino de abajo me invita al teatro algunos domingos, y los actores lo miran con miedo o respeto.

Mi vecino de abajo come siempre a las dos en punto.
Bueno, menos los sábados. Los sábados compartimos taxi, mi vecino de abajo, su hija y yo, él va a la emisora, nosotras a clase de teatro.
Después siempre vamos a comer a algún sitio. A mí me gusta cuando comemos huevos fritos, a él ir con su harem a comer un buen cuscús [entonces nos sentamos descalzos y en el suelo].

Mi vecino de abajo siempre creyó en mí. Y le gusta cuando bajo a utilizar su enciclopedia o a preguntarle alguna duda. A mí me gusta preguntarle cosas sobre África, porque dicen que estuvo mucho tiempo en Tánger, y sabe hablar árabe.


Dicen que mi vecino de abajo tiene la mirada triste. Pero lo cierto es que sonríe como nadie, con una boca grande. Porque mi vecino de abajo parece un gigante, como Top, su Bobtail.

Es un hombre muy elegante y educado mi vecino de abajo. Recuerdo cuando le dije que me gustaba su chaleco, y me contestó:está a tu disposición. En verano siempre lleva guayaberas, así que siempre que vamos a México le traemos una nueva. Pero hace mucho que no vamos.
No se entiende la letra de mi vecino cuando escribe. Escribe siempre en negro. Tiene el ordenador justo delante de la ventana, y trabaja mirando su parte preferida de Madrid, entre montañas de libros, música y llamadas de teléfono.

Mi vecino de abajo me dejó llorar sobre su hombro toda una noche, y luego me dejó su pañuelo. [Hay que ver lo limpios que se te han quedado los ojos], cuando pensé que no lo lograría me dijo que sólo tenía que encontrar otro camino.

A mi vecino de abajo le gusta que baje a patinar los domingos a la calle Fuencarral, y después vamos a Olavide a tomar algo.





Dicen que mi vecino de abajo me quiere como a una hija, y puede que sea verdad.


6 comments:

DANI said...

Eso fué precioso paz, pero para que eso fuera posible en mi caso, primero debería tener "un/a vecino/a de abajo" y por desgracia vivo en unos bajos. Tche.

Besos desde el ático

adictaacruzarenrojo said...

Sabes??? la vecina de arriba de tu vecino de abajo escribe muy bien y tiene un vecino de abajo muy peculiar...
Un beso rojo ;)

amandine said...

la ternura
a veces
se encuentra
en la puerta de al lado

solo hay que atreverse a llamar...

un beso desde mi ático
un sueño vecinal

amandine said...

toc toc toc

(tu blanca puerta esconde magia)

unos pasos

(te acercas y no te asomas a través de la mirilla)

abres

y te abrazo

(here comes the sun)

no sé si soy una cuchara o un tenedor said...

I meant a really newspaper... who cares, this is a lovely place to read it again. kisses are kisses even on papernews. ;)

azucareros comprensivos S.A said...

las lágrimas treparon a mis ojos posando sus piecitos en tus palabras... entiendo lo que me escribiste... y no me sienta mal que me los digas... y entiendo que un nombre y apellidos no siempre es la persona que. anyway, veo que hay una tentativa de que el viento cambie el color de las nubes... estaré mirando fijamente por si acaso. besos.