Monday, December 29, 2008

Tenía seis años cuando me regalaron el primer cuaderno en blanco.

Para desesperación de mi madre, que no hacía más que poner tijeras de punta redonda entre mis manos, y algún que otro plastidecor.
Tuve las mejores pinturas del colegio, y me las dejé olvidadas en clase.

Aprendí a leer una noche, cuando todavía no sabía todas las letras.

Con catorce y quince años viví pegada a diferentes cuadernos tamaño cuartilla y cuadro grande.

Y ahora, estoy aquí. Sin saber qué decir o cómo hacerlo.

6 comments:

Javier Herque said...

También son necesarias las paginas en blanco para cuando las palabras desborden las líneas de los renglones, para cuando los renglones se estrechen demasiado, para cuando los puntos suspensivos se crean capaces de construir castillos de arena, para cuando los tachones sean mayores de edad…nunca viene mal poder decir que tenemos un desván donde poder dejar más y más cosas.

Un beso para esa hoja.

Dani said...

sssssshhhhhhhh, no hace falta que digas nada, dulce.

Besos enormes

Cecania said...

a veces un silcencio profundo es la mejor respuesta.
buen dos mil nueve.

el fantasma said...

mi madre optó por forrar toooooda la pared hasta la altura que llegaba mi brazo, porque yo tendía a dibujar y pintar en diversas superficies y hacer caminos que recorrían toda la casa(por camas,mesas...)


:)
así soy yo
:)

Dara Scully said...

Prueba a usar plastidecores, a ver qué pintan.


Un miau

distante.espejo said...

déjalo reposar, paz. ya saldrán. esas palabras están ahí, no las pierdas, pues son las que aún sientes, las que son pasado, como esa libreta tuya que perdiste, son bonitas, pero al menos para mí, sólo son pasado.

un beso.